Todos los relatos que aparecen en este blog han sido escritos por mí. Ninguno ha sido copiado de ninguna otra web de relatos y se ruega que, del mismo modo, tampoco sean copiados (excepto consentimiento expreso). Gracias.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Limpieza a fondo



Ding dong. Me levanté del sofá y recorrí con calma los pocos metros hasta la entrada. Abrí la puerta y me encontré de bruces con un ángel. Un precioso rostro angelical de piel tersa y blanquecina era la carta de presentación de una jovencita de veintipocos años con un aspecto inocente solo alterado por un piercing estilo septum en la nariz y un tatuaje detrás de la oreja. Su sedoso pelo castaño caía a la altura del pecho y lo adornaba un mechón rebelde de color más rubio cayendo por el lado izquierdo. Sus penetrantes ojos marrones, a juego con el cabello, brillaban transmitiendo dulzura.

Un enérgico y risueño "¡Hola!" me hizo reaccionar ante la hipnosis que había ejercido sobre mí. Se presentó como Shelly. Era la chica que me mandaba la agencia. Había decidido otorgar la tarea de limpieza de mi piso a una agencia, y Shelly era la chica que me habían mandado. Si lo hubiera sabido, les habría llamado mucho antes.

Entró a mi piso cargando una bolsa. Le dije que le dejaba trabajar y volví al sofá, donde yo también estaba trabajando frente a mi ordenador. Pasó un rato y no me percaté de que Shelly se había cambiado de ropa hasta que se puso a limpiar los estantes de la pared frente a mí. Se me quedaron los ojos como platos al verla llevando un vestido sexy de doncella, extremadamente ligero de tela. Atuendo digno de película porno. El vestido de sirvienta estilo francés (de french maid), blanco y negro, con su delantal por delante, la falda suficientemente corta como para solo cubrir el culo y el escote suficientemente pronunciado como para presumir de dotes. Todo ello culminado con el típico lazo blanco en la cabeza a modo de diadema. Además, sus largas y bonitas piernas vestían unas medias negras.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Un polvo de miedo (Especial Halloween 2015)


El 31 de octubre de 2015 acudí a una fiesta de Halloween que se organizaba en una inmensa cabaña en medio del bosque. Era como una mansión de madera, llena de jóvenes con ganas de pasarlo bien. Todos ellos disfrazados. Era un requisito indispensable para estar en la fiesta. Yo iba vestido de vampiro, con una larga capa negra, colmillos de mentira, la cara pintada de color pálido y demás parafernalia vampiresca. Vi algunos disfraces realmente trabajados y conseguidos, eran increíbles. Lo que más me gustaba era ver a las preciosas mujeres aprovechar la excusa para vestirse de forma provocativa. Me crucé con diablesas traviesas, piratas sexys, vampiresas calientes, zombies increíblemente atractivas, momias con muy pocas vendas en el cuerpo...

A mitad de noche me encontraba en el terrorífico jardín de la "casa encantada" hablando con una bruja, ambos con varias copas en el cuerpo. De bruja solo tenía el disfraz, porque la chica era encantadora. Tenía el pelo totalmente negro y le quedaba bien aunque lo llevara enmarañado y desastrado para dar realismo a su personaje. Iba maquillada en relación a su disfraz, con mucho maquillaje oscuro alrededor de los ojos y los labios pintados de negro. Pese a tomarse en serio su disfraz, no dejaba de aprovechar la ocasión para lucirse. El disfraz de bruja hacía un buen escote resaltando sus grandes pechos, y la falda de varios pliegues no estaba ajustada pero era corta. Gracias a eso se veían unas largas y bonitas piernas cubiertas por unos leggings negros ajustados. También llevaba botas y un sombrero de bruja en la cabeza.

Al cabo de un rato la conversación y el alcohol habían incrementado la confianza entre nosotros. Fui yo el primero en lanzar algún flirteo.
 - La verdad es que tiene mérito estar tan guapa con ese disfraz.
 - En realidad no soy nada guapa, es gracias a una pócima mágica. - Dijo con la sonrisilla de quien le gusta jugar.
 - Jajaja. Pues funciona. Podrías enseñarme a prepararla.
 - Claro. Pero me falta un ingrediente...
La bruja sexy se pegó a mí y metió con disimulo la mano por dentro del pantalón de mi disfraz. Agarrándome con firmeza de los huevos me susurró al oído:
 - Semen de vampiro...

lunes, 5 de octubre de 2015

Rachel, la profesora - II. Premio anal

Este relato es la continuación de Rachel, la profesora.


Llamé a la puerta dando dos firmes golpes en ella con mis nudillos.
 - Adelante. - Dijo una voz femenina y madura desde dentro.
Abrí la puerta y entré decidido al despacho de mi profesora de inglés. La Srta. Rachel levantó la cabeza de su ordenador para ver quién entraba en su despacho y ver que era yo le provocó la mueca de una sonrisa mal disimulada.

Cerré la puerta tras de mí y me quedé de pie. Desde aquella vez que mi profesora había buscado motivarme mediante el sexo, cada vez que la veía me venía a la mente la imagen de la Srta. Rachel con mi semen goteando por sus tetas y su cara, prometiéndome que si conseguía aprobar me dejaría usar el único de sus agujeros sexuales que no disfruté.
 - Sabía que vendrías. - Dijo levantándose, al tiempo que se quitaba las gafas y las dejaba sobre la mesa.

Yo estaba en silencio. Ella sabía perfectamente a qué había ido, no hacían falta palabras. Rachel abrió su primer cajón, sacó un preservativo y lo dejó en la mesa con dulzura. Luego rodeó la mesa hasta ponerse delante de ella. Durante unos segundos nos miramos a los ojos. Esa simple mirada cargada de sexo empezó a despertar mi miembro. La profesora se giró dándome la espalda, para luego inclinarse hasta recostar la parte superior frontal de su cuerpo contra su propia mesa. En esa posición, usó sus manos para levantar su elegante falda hasta su cadera, haciendo que pareciera casi un cinturón. Dejó a la vista su redondo y firme culo decorado con un tanguita negro, el cual enseguida procedió a bajárselo lo suficiente como para que cayera él solo hasta los tobillos. Con un bonito movimiento de piernas apartó el tanga a un lado. Para terminar, abrió las piernas formando un triángulo entre ellas y el suelo. Pasaron unos segundos sin que se moviera por lo que deduje que ya me tocaba a mí.

miércoles, 1 de julio de 2015

Compartiendo una pelirroja



Una tarde muy aburrida. Sin nada que hacer y tirado en el sofá de casa desaprovechando mi tiempo. Me vestí y salí de caso. Crucé el rellano y llamé a la puerta de en frente, donde vive mi vecina Eva. Llamé al timbre con la esperanza de que a Eva le apeteciese salir por lo menos a tomar unas cervezas. No hubo respuesta. Volví a llamar. Lo mismo. Llamé una tercera vez. Al fin oí unos pasos al otro lado de la puerta. Me abrió Eva, pero no cómo me la esperaba. Con una mano sostenía la puerta y con la otra la toalla que cubría su cuerpo.
-          Uy, ¿te estabas duchando? Perdón…
-          Eh… No, en realidad no…
Me extrañó, ya que al ver que estaba desnuda y solo cubierta por una toalla pensé que estaría en la ducha o a punto de entrar en ella. Entonces oí una voz femenina en el interior de su casa que llamaba a mi vecina. Eva se disculpó un momento, dejó la puerta entornada y se adentró en su casa. Segundos después volvió a aparecer frente a mí.
-          ¿Quieres pasar? – Me dijo con una sonrisa. Una sonrisa que yo conocía perfectamente y sabía lo que significaba.
Contesté con otra sonrisa y entré en la casa. En cuanto cerró la puerta tras de mí, Eva dejó caer su toalla en el suelo, dejando al descubierto ese precioso cuerpo que yo tantas veces había visto y disfrutado. Me dio una palmadita en el culo y me cogió de la mano para llevarme a su dormitorio.

En su cama había una preciosa pelirroja, totalmente desnuda, con la mano acariciándose la entrepierna, seguramente pensando en lo que pasaría a continuación.
-          Esta es Rebeca. Él es Juan. – Nos presentó Eva.
Llegué al borde de la cama y ambas mujeres se lanzaron sobre mí como lobas. En un abrir y cerrar de ojos me habían desnudado y tumbado en la cama.

sábado, 20 de junio de 2015

Sexo salvaje en altamar



A las 10 de la mañana me encontré con mi amigo Carlos en el puerto. Nos había invitado a pasar el día en su barco. Estábamos los dos y Fran, otro amigo. Solo faltaba por llegar Andrea, que nos había dicho que vendría con una amiga. Cinco minutos después aparecía Andrea acompañada de su amiga, ambas en bikini. Al llegar nos presentó.
- Hola chicos, esta es Sofía.
Ella no saludó a todos con una bonita sonrisa.

Sofía era morena, de pelo liso y largo. Tenía una bonita figura. Bonitas piernas, bonitas tetas, bonito rostro, bonitos ojos... Tenía un gran atractivo físico, y luego descubriríamos que su personalidad también era atractiva. Algo que me llamó mucho la atención de Sofía fueron sus labios. No suelo fijarme mucho en esas cosas. Suena superficial, pero la vista me suele ir a las tetas, el culo o el cuerpo en general. Si una chica me llama la atención por sus ojos, labios, sonrisa, etc, es porque es realmente increíble. Pues de Sofía me encantaron sus labios. Eran bonitos y parecían deliciosos. Cuando me dio los dos besos noté una textura y un roce que me encantó. En seguida pensé en que sería capaz de elevarme al cielo usando esos labios. Además, cuando sonreía, asomaban entre ellos sus también bonitos y relucientes dientes blancos, quedando una sonrisa para enmarcar.

Su cuerpo estaba decorado por un tatuaje de un corazón en el costado izquierdo y uno de un barco velero en un tobillo. Cuando emprendimos el camino al barco de Carlos, al ir detrás de las chicas, descubrí también otro tatuaje, esta vez de un triángulo con un círculo dentro, en la parte central de la espalda pero un poco más abajo y a un lado. El tercer tatuaje no fue todo lo que descubrí, mi posición también me permitió observar su firme y redondo culo, tan bonito como el resto de su cuerpo.

Llegamos donde estaba atracado el barco y fuimos pasando de uno en uno. Era un catamarán de buen tamaño, perfecto para salir a pasar el día en altamar con un grupo de amigos, y tenía dos camarotes interiores con una cama en cada uno. Dejamos todas nuestras cosas en uno de estos camarotes y salimos a cubierta a abrir las primeras cervezas y emprender nuestro viaje.

A la hora de comer anclamos el barco y nos montamos un pequeño picnic en la cubierta. Comimos bajo el sol como auténticos señores. Sofía no paraba de rellenarse la copa de vino blanco, y eso le estaba provocando soltar algunos comentarios picantes que a los hombres presentes nos encantó escuchar. Al acabar de comer Sofía ya nos había encandilado a todos. Su personalidad agradable y extrovertida, con un buen toque de morbo, acompañaba perfectamente su radiante cuerpo, y nos provocaba a los tres hombres el deseo de querer empotrarla contra todas las paredes del camarote.